"El vino es la luz del sol unida por el agua"

Galileo Galilei

 

luz de Outarelo

Nací donde la mañana se posa sin ruido, en los paraxes de Vilanova y Outarelo, a 500 metros de altitud.
Entre pizarras degradadas, esquistos, cuarcitas y arcillas, aprendí que la paciencia es un pulso suave.
Me vendimiaron a mano, en cajas de quince kilos, cuando la madurez alcanzó su equilibrio perfecto.

Soy un Godello de 2023, fermentado con levaduras autóctonas en acero.
Reposé seis meses sobre mis lías finas, hasta que la calma se volvió textura.

En boca me muevo sin prisa: fresco, largo, equilibrado.
Con esa untuosidad elegante que deja huella sin marcar.
Me delatan los cítricos, el hinojo, y un gesto mineral que recuerda de dónde vengo.
Un 13,5% de volumen que apenas se nota, como un abrazo bien medido.


Vengo de la tierra, y en cada copa, vuelvo a ella.

Luz. 
Paraxe Cestelas

Selección especial.

Me recuerdan del Paraxe Cestelas, entre cepas que rozaron el siglo y aún respiran.
Yo también elegí el susurro, o quizás nunca acepté el olvido: cepas centenarias abriéndose paso entre el matorral y la memoria.

Me hice Godello 2023 para cuestionar la costumbre.
Fermenté lento, con levaduras propias; me abrigó el roble francés y reposé junto a él ocho meses sobre mis finas lías, afinando el pulso.

Soy fresco y expresivo, sí, pero con una columna mineral que me sostiene: flores blancas, fruta limpia, y un final largo que no se conforma.

Camino con tensión serena: mi cremosidad sostiene el hilo, mi persistencia lo escribe hasta el final y surjo con 14º que no pesan, como un secreto bien contado.

Tan solo somos 1.380 botellas: la intimidad también es una forma de verdad.

Outarelo

Vengo de raíces profundas que abrazan la piedra.

Soy Garnacha Tintoreira 2022, nacido de cepas centenarias que vieron pasar generaciones y aprendieron a resistir sin ruido.
Despalillado suave, sin estrujar; fermentado con levaduras autóctonas y templado por la espera:
doce meses en barrica de roble francés y, como mínimo, otros doce en botella.

Aprendí a mirar de frente: fruta roja madura, especias, y un fondo mineral que desentraña la tierra.
En boca soy franco y fresco, complejo y persistente; sedoso, pero con la estructura de quien conoce su lugar.

Entro con firmeza y dejo sitio a lo que importa.
14,5º de equilibrio, fuego y tierra.

No busco la fuerza, busco el pulso.
No me apremia el tiempo: lo acompaño.
Porque en mí, la calma también arde.

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